NACIONALETAS Y NACIONALITOS, los de las patrias pequeñitas
¿Por qué vuestras mentiras valen más que la verdad? Probablemente sean embustes tan disfrazados de carnaval, que la han dejado exangüe.

¿Y SI AL FINAL APARECIERE LA VIOLENCIA? .

Ignacio García Calvo 

Bastantes voces, últimamente con un tendencia al alza, están incidiendo en la posibilidad de que el final del proceso independentista acabe con algún grado de violencia.

La interiorización que tenemos de los procesos de agitación y rebelión, y eso es lo que está sucediendo en Cataluña, consiste en asumir que en un momento u otro de los mismos la violencia ha sido ejercida para imponer las pretensiones a las que se aspira.

Según esos planteamientos historicistas el independentismo catalán tendría diseñado no solo un conjunto de medidas de presión, coercitivas y amenazantes, sino que tendría tomadas todas aquellas decisiones que supusieran algún grado de violencia para imponer su voluntad. La proclamación de la independencia de forma ilegal y unilateral solo podría ser efectiva con la puesta en marcha de un conjunto de actuaciones violentas (ellos dirán que pacíficas) conducentes a ocupar y controlar todos aquellos centros imprescindibles para que los deseos sean realidades.

Algunos de ellos serían: unidades administrativas de Hacienda y Seguridad Social, emisores de televisión, cadenas de radio privadas y nacionales, capitanías y distritos marítimos civiles, servicios marítimos de la Guardia Civil y comandancias navales, puertos aeropuertos y cuarteles, accesos terrestres a Cataluña desde el resto de España (Aragón y Castellón), centros de poder simbólicos del gobierno nacional (los centros de poder reales del estado de rango autonómico ya han sido ocupados), etc.

Para responder a la pregunta inicial tenemos que precisar que  la violencia en las sociedades se produce como consecuencia de alguna de las realidades del siguiente estilo:

1º.- Unos pocos tienen mucho que perder y la inmensa mayoría bastante que ganar.

2º.- La inmensa mayoría no tiene nada que perder porque no tiene nada o casi nada.

3º.- Unos pocos tienen mucho que ganar aunque para ello tengan que perjudicar a la gran mayoría.

La situación que, realmente, existe es que la inmensa mayoría (los que trabajan, los que tienen empresas y los que han trabajado y ahora están jubilados) tienen mucho que perder, independientemente de si son independentistas o no, y de si viven en Cataluña o en el resto de España. En esta situación nadie va a ser tan bobo como para pegarse un tiro en el pie. Aunque unos pocos consideraran que podían ganar mucho su asunto no pasarían del terreno de los deseos.

Sin embargo, a pesar de la realidad anterior, en Cataluña existe la percepción por parte de la medio-minoría de que tienen mucho que ganar. Esa percepción se combina con una vanguardia minoritaria, y todos dispuestos a todo. Nos encontramos ante uno de esos problemas que si se crean y no tienen solución, solo dejan  destrucción y ésta ya ha comenzado. Otra cosa será hasta donde llegue y el grado que alcance.  La situación que ha aparecido es claramente inquietante con relación a la pregunta inicial.

¿Mi deseo? Que los excesos verbales por parte de los que viven de los demás solo tengan vigencia durante un tiempo, incluso aunque algunas minorías intenten activar y poner en práctica el mambo. El tiempo que esto pueda durar ya se verá, pero, por favor, que no pase nada más.

De forma inexorable habría triunfado el tercer principio universal: el de la cama redonda 1, que dice:

Los nacionaletas sois proclives al uso de algunas analogías con la pretensión de que sean un equivalente a los megaargumentos; algo que, por afición, creéis casi irrebatible.  

Cama redonda hemos sido, / solo os podéis marchar, / muy felices habéis crecido, / no la vais a destrozar.  

Este principio se fundamenta en las siguientes razones:   

1ª.- Siempre olvidáis la auténtica, la genuina, la original, la única realidad que ha habido: la de la cama redonda.  

En esa situación, todo ha sido mezclado y entremezclado hasta la indiferenciación. 

2ª.- Esa mezcla ha sido desarrollada por el devenir de la historia hasta tal grado de simbiosis, que todo lo que sea intentar separarla y segregarla indica que lo que en realidad habéis hecho, hasta ahora, es aprovecharos. Y no solo eso, sino usarnos y desecharnos.  

3ª.- Cualquier forma redonda, para que siga existiendo, solo puede menguar o crecer; de ningún modo puede trocearse porque deja de existir. Vamos a hacer lo posible para que no lo consigáis.  

1 Ignacio García Calvo. El romancerismo de los nacionaletas. Autoedición, Huesca, febrero 2015.

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