NACIONALETAS Y NACIONALITOS, los de las patrias pequeñitas
¿Por qué vuestras mentiras valen más que la verdad? Probablemente sean embustes tan disfrazados de carnaval, que la han dejado exangüe.

YA TODO EL MUNDO LO HA COMPROBADO: VAN A POR TODAS

Ignacio García Calvo  

Desconozco cuántos somos los que desde hace mucho pensamos que los nacionaletas iban en serio, pues una gran mayoría creían que sus reivindicaciones acababan siempre con concesiones de todo tipo. 

Hasta no hace muchos años cuando en una conversación surgía el tema yo siempre argumentaba que si un partido se proclamaba como nacionalista, el uso voluntario y meditado de esa palabra llevaba aparejado que un día, más o menos lejano en el tiempo, apareciera la exigencia completa de lo que expresa esa palabra. Ponerle restricciones semánticas es como poner puertas al campo o querer detener un inundación tras la rotura de un dique. 

Aún es más, siempre he mantenido que en el momento en el que los nacionaletas catalanes desbordaran sus exigencias, el asunto se acabaría convirtiendo en un problema de gran magnitud, pues habían diseñado una ingeniería social de gran calado consistente en catalanizar —según sus únicos y excluyentes principios— a todos a cualquier precio. El plazo que se dieron en 1980 para empezar a exigir la independencia por todos los medios fue de treinta años, periodo que consideraron suficiente para sumar una parte importante de la población a sus tesis maximalistas. Una vez conseguido esto ya enderezaremos a los renuentes una vez alcanzada la independencia. Para eso solo hay que esperar que la excusa y la coyuntura entren en sintonía.

Hasta llegar a ese momento, y ahora que vamos a poder hacer y decir todo lo que queramos y decidir y disponer sobre todo lo que controlamos, solo es cuestión de amagar y de hacer todo lo que tengamos que hacer. Y en este tener que hacer cabe olvidar, omitir, silenciar, inventar, urdir, falsear, mentir, indisponer y negar todo lo sucedido en el acontecer histórico. 

Todo lo anterior para conseguir  un conjunto de coartadas políticas, sociales, económicas, históricas, territoriales, demográficas, culturales, etc.; alguna cierta, otras retorcidas y manipuladas, y un gran número falsas. 

Esas coartadas elevadas a la categoría de dogmas se deben difundir, extender y adulterar cuanto sea necesario. El objetivo es conseguir que aparenten ser grandes ideales con la finalidad de lograr sepultar la auténtica razón. 

Con estas coartadas como enseña, un grupo de políticos —los nacionaletas— ambiciosos, dogmáticos, caprichosos, veletas e inmaduros tratan de justificar, en la actualidad, sus pretensiones de acabar con la integridad de un paisaje construido durante siglos. A todos ellos les une, en mayor o menor medida, grandes dosis de personalismo y de incompetencia. Remedando un título conocido de la historia de las ideas políticas, podríamos proponer este otro con la intención de fijar otra categoría en la clasificación de los desatinos políticos: Los nacionalitos, enfermedad infantil de los políticos inanes. 

¡Sí, políticos inanes! Porque descubierta su incompetencia ya solo queda la auténtica razón: el yo y el nosotros llevados al extremo más empedernido. Si bien, entre lo que conocemos, porque lo dicen públicamente, y como lo piensan de verdad (voz en off) hay una notable diferencia: 

«En nuestra casa, tenemos una acumulación de riqueza bastante mayor que la media que pueda haber en el resto de las casas. Es cierto que nosotros hemos actuado, pero no es menos cierto que nos hemos beneficiado de un cúmulo de actitudes que nos han favorecido claramente: ingenuidad, simpleza, inocencia, solidaridad, candidez, buena voluntad e idiotez del resto de vecinos que nos han ido concediendo cada vez más al ritmo de nuestros amagos. Como el asunto ya no da más de sí, o damos por terminado el cuento y nos contentamos como estamos, o rompemos la baraja y nos quedamos con todo. De ese modo y de forma inmediata, resolveremos los numerosos problemas que nos hemos creado, además de poner a salvo nuestros peculios constituidos por muchos “doblones” de origen inescrutable.»

Y, ¡qué decir del futuro! Las estrellas, a nuestro alcance, y los rosales, además de rosas, también nos darán algo más. ¿El qué? ¡ya se verá!». 1

Y por coincidencia temporal de la excusa y la coyuntura, justo en 2010 se empezó a presionar con intensidad creciente en dirección a la independencia. ¿Por que? Estas situaciones necesitan de dos cosas que se puedan concatenar y allí estaban en forma de conjunción astral.

Una excusa: La sentencia sobre el Estatuto de Cataluña de 2006, de fecha 28 de junio de 2010. 

Una coyuntura: La crisis iniciada con virulencia en el año 2008 y que se estaba incubando desde un par de años antes, les animó a lanzarse a por el objetivo. La debilidad general es nuestra oportunidad.

I.García. El romancerismo de los nacionaletas. Autoedición. Huesca, febrero de 2015

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