NACIONALETAS Y NACIONALITOS, los de las patrias pequeñitas
¿Por qué vuestras mentiras valen más que la verdad? Probablemente sean embustes tan disfrazados de carnaval, que la han dejado exangüe.

EL GRAN ERROR QUE HEMOS COMETIDO LOS NACIONALETAS

 Ignacio García Calvo

Es una ley universal de la convivencia humana que cuando alguien pretende o quiere algo, siempre tiene que contar con la parte que también tiene que pronunciarse sobre el asunto. En caso contrario, la pretensión no pasa de ser un mero chantaje que solo se puede alcanzar por imposición, independientemente del método que se utilice. 

En muchos de los casos en los que la aspiración se pretende alcanzar mediante imposición, los esfuerzos, recursos y gastos que son necesarios para alcanzarla pueden llegar a dejar exhaustos tanto a las personas como a los recursos. Pero esto lleva inmediatamente a un grave perjuicio pues, en el caso de conseguirse por ese procedimiento, algo si que está garantizado: vivir de espaldas los unos con los otros. 

 ¿Por qué el título de este artículo? Los nacionaletas hemos llegado hasta aquí cometiendo un error fundamental: destinar todos esos esfuerzos, recursos y gastos para tratar de convencer a quienes no tienen ni arte ni parte en el asunto. 

O dicho de otra manera: habríamos necesitado en nuestros cónclaves a alguien que se hubiera pronunciado por dirigir los esfuerzos a convencer al resto de los españoles, para que llegado el momento oportuno dieran su VºBº a la hora de culminar el proceso. Este camino tendría una consecuencia favorable ya que al ser de mutuo acuerdo seguiríamos viviendo los unos junto a los otros. 

De hecho alguien nos hizo llegar la siguiente afirmación: Cuando habláis de vuestros pretendidos derechos no tenéis en cuenta que, ante un paisaje con siglos de existencia, todos estamos en pie de igualdad. La generación actual no debemos, aunque por la fuerza podamos,  arrogarnos derechos de propiedad de forma unilateral y excluyente sobre lo que es de toda la comunidad. Somos simples usufructuarios de la riqueza colectiva. 

Ahora bien, hay una solución: que convenzáis al resto para someter el usufructo a una votación de disolución. Igual hasta os quedabáis gratamente sorprendidos, porque el resultado podría ser el de repartirnos el paisaje a cachitos (?). Ya se han visto esas situaciones en otras ocasiones y en muchos lugares. Eso sí, os lo tenéis que trabajar. 

Para gestar y organizar una estrategia conducente a conseguir a largo plazo una convencimiento de ese estilo, tendríamos que haber hecho un ejercicio previo de sinceridad y de reconocimientos muy difíciles de digerir, a favor del resto de los españoles. Pero visto lo visto no nos cabe la menor duda de que el resultado habría sido francamente satisfactorio para todos. 

Las líneas que siguen se centran en dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿En qué habrían consistido esa sinceridad y reconocimientos? 

1º.- Hasta aquí hemos llegado con un proceso histórico común. Los problemas que hemos tenido y planteado en distintos momentos de la historia son tan similares a los que han sucedido en la mayor parte de España, que salvo que nos empeñemos en difundir falsedades y mentiras no podemos sentirnos agraviados con respecto a lo sucedido al resto de españoles. 

2º.- Desde las revoluciones liberales todos los procesos económicos que se han producido en España nos han beneficiado en grado extremo y esa es una de las razones de que en nuestra casa haya más riqueza acumulada y tengamos más nivel económico que en otros lugares de España. Y siendo esto así reconocemos que todos tienen derecho a una parte de la riqueza colectiva, que se significa en forma de impuestos. 

3º.- Hemos explotado el victimismo y nos hemos escudado tras él hasta la obscenidad, a pesar de que casi todo lo relacionado con el corazón lo tenemos conseguido, reconocido y lo ejercemos sin limitación alguna. Con él como bandera hemos conseguido cesiones inimaginables hasta el extremo de considerar que en muchas ocasiones nos hemos aprovechado. De hecho así es como lo expresábamos en la intimidad. «En nuestra casa, tenemos una acumulación de riqueza bastante mayor que la media que pueda haber en el resto de las casas. Es cierto que nosotros hemos actuado, pero no es menos cierto que nos hemos beneficiado de un cúmulo de actitudes que nos han favorecido claramente: ingenuidad, simpleza, inocencia, solidaridad, candidez, buena voluntad e idiotez del resto de vecinos que nos han ido concediendo cada vez más al ritmo de nuestros amagos”. 

4º.- Alguna diferencia, con la que podemos dar un ejemplo absoluto al mundo entero, si que tenemos. Somos la sociedad bilingüe más perfecta y acabada del mundo, aunque digno es reconocer que no dejamos estudiar en español y hacemos todo lo posible para acabar con esa lengua. Pero aparte de lo anterior ninguna más, y lo que hemos hecho es parapetarnos tras un cúmulo de pretendidas diferencias en realidad, poco más que un conjunto de anécdotas elevadas, mediante artificios, a la categoría de absolutas y excluyentes— para excitar la idea de la enemistad hacia nosotros, aunque la corriente histórica siempre ha ido en una dirección integradora. 

5º.- Uno de nuestros pensamientos más escondidos, nunca manifestado en voz alta venía a decir: «Mío es lo que está en mi casa, / también lo que no lo está, / a poco que os descuidéis / poco o nada cataréis». Pero como ya no lo queremos aplicar, reconocemos que hay elementos materiales de todo tipo que siendo colectivos ya no son solo nuestros aunque estén en nuestra casa: archivos, obras de arte, infraestructuras e incluso hasta algo estrictamente jurídico como es el derecho de paso. 

Podríamos haber añadido unos cuantos argumentos más y hoy podríamos reconocer que de haber hecho todo esto estaríamos en una situación muy diferente a la que nos encontramos. Probablemente habríamos convencido a una gran mayoría para plantear la independencia en estos términos: 

Queridos compatriotas, ha llegado el momento de que os propongamos nuestra independencia. Nuestro deseo, voluntad y anhelo es tan grande y tan demostrado todo ello por la mayoría de la gente que vive en Cataluña, que desearíamos que de acuerdo con las leyes establecidas se inicien los procesos legales necesarios que conduzcan a esa independencia tan anhelada. 

Por nada del mundo queremos que esto se entienda como un ultimátum, pues en esas situaciones nos aproximamos mucho más al despeñadero que a la solución, y por encima de todo no queremos perjudicaros. 

Aún es más, si tiene que haber algo de perjuicio que sea para nosotros, pues para conseguirla estamos dispuestos a renunciar a parte de la riqueza acumulada en nuestra casa, ya que entendemos que es un patrimonio colectivo que no nos podemos quedar en su totalidad. 

Negociemos, acordemos, firmemos y una vez hecho todo esto sometamos a referéndum en todo España nuestra independencia. 

Año 2020, cinco años después del inicio de todo el proceso y ante las excelentes ventajas que los acuerdos firmados otorgan a los españoles, estos han acordado en referéndum que aceptarán el resultado de lo que decidan los catalanes en su propio referéndum que se celebrará en diciembre de 2021.

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